lunes, 13 de agosto de 2012

Ejercicio 8: Carta de viaje

10 de agosto, 2012.

Pueblito de mierda, Antioquia, Colombia.

Aborrecido amor mío:

Estoy acá, pudriéndome, sentada en lo más alto de una loma, tirándole piedras en la cabeza a todos los malparidos que veo pasar, odiando a este pueblo como a nada he odiado en la vida.
Nada, excepto vos.
Es más, yo vine a este hueco, a este agujero de porquería sumido entre montañas, para escapar de vos.. Pero eso es tan putamente imposible que igual te estoy escribiendo esta carta y yo sé que estás sentado afuera de la oficina de correos, con una sonrisa asquerosa de oreja a oreja, tratando de adivinar qué imagen va a llevar la postal que te voy a enviar.
Como te quiero complacer, la postal va a tener de imagen un gato aplastado por un camión.
Eso es lo que inunda mi cabeza cuando pienso en vos, aviones cayendo, monjes prendiéndose fuego, hordas de ratas transmitiendo la peste bubónica o esa peste nefasta que vos me transmitiste.
Vos sos una enfermedad.
Y por más que el anhelo de mi vida sea verte en pedazos, lo único que puede hacer mi corazón o mis glándulas suprarrenales o la que sea la víscera descarnada que siente estas cosas, es seguir perdidamente enamorada de vos.
Seguir enamorada también de lo que vos amás, de tus catástrofes y plagas, de todos tus muertos.
Vine a este pueblo justamente porque la única manera de morir aquí es morir de viejo o de tedio. No hay desastres, no estás vos.
Pero como vos sabés con tanta alegría, huir es imposible. Por eso es mi turno de causar un desastre.
Y yo sigo aquí, podrida, lanzándole piedras a la gente que pasa y a los carros en la carretera  mientras escribo esta carta. Tal vez, amor mío, esta montaña podría irse de repente, aplastar todo este puto camino. No dejar nada con vida en en la vía sin pavimentar.

Adiós, mi amor. Tal vez, algún día, te vuelva a mandar otra postal, pero espero que así no sea.




No hay comentarios:

Publicar un comentario