miércoles, 29 de agosto de 2012

Ejercicio 6: Con los sentidos

El último rayo de luz vespertina atravesó la rendija de la puerta y me golpeó los ojos. Con el calor tibio en los párpados me giré hacia vos y te dije no veo nada, me dejó ciega esa luz, pero era mentira, yo te veía a vos en la oscuridad tan nítido que veía tu voz flotar en el aire y caer despacio, muy despacio, hasta rozarme la piel con un cosquilleo inusual. Cada centímetro de mi piel tuvo una reacción eléctrica, explosiva. Mis manos se crisparon ante la estática en el aire, destrozándose a sí mismas, clavándose las uñas en la piel. Vos las separaste, dejaste que se clavaran en las tuyas. Mi voz murió en mi garganta y se convirtió en un susurro, se desparramó por el piso y se fue para siempre.
Alguien abrió la puerta.
Sólo encontró dos voces perdidas, entrelazadas.

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